01 septiembre 2010

El hombre que inventó Manhattan

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El hombre que inventó Manhattan es un libro que habla de nostalgia, de pasado, de pérdida, pero también de sueños e ilusiones. New York la temida y a la vez añorada ciudad, es el escenario donde transcurren las historias a veces trágicas a veces cómicas de un grupo de personajes muy diferente entre sí, pero a la vez muy unidos por Manhattan.

Las ciudades, como la gente, como tantas cosas son lo que nosotros creemos que son o simplemente; lo que añoramos que sean. Un hombre que lo dejó todo atrás para venir hasta Manhattan, un hombre que está obsesionado con unas gemelas Coreanas, una mujer que sospecha que su marido la engaña, un celador de una clínica de desintoxicación que trata de investigar un supuesto crimen; una hermosa joven que vuelve locos a los hombres, un actor de Hollywood mejicano que piensa que ha perdido el rumbo, una hermana resentida con la belleza y el encanto de su hermana menor; un vendedor de pianos que muere en circunstancias muy extrañas, una octogenaria que toma ginebra y fuma sin parar mientras se encuentra en dos lugares a  la vez; unos gángsters de 1935 que tienen que hacer un “trabajo” muy delicado; todos estos personajes deambulan por Manhattan y a veces sus vidas se cruzan, se rozan, se tocan, se afectan.

Con una chispa de picardía, con un deje de añoranza y con un poco de nostalgia así vagan estos personajes por Manhattan. El Manhattan de los "supers"  (superintendent), Chinatown, los emigrantes, las modelos, los artistas, Wall Street, Central Park, el Empire State y las Torres Gemelas.


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30 agosto 2010

Un libro que me gusta es: mi One-night stand

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A propósito de unos de los últimos libros que he estado leyendo se me ha ocurrido esta pequeña divagación por llamarlo de alguna manera. Omito el título del libro en cuestión por razones que han de resultar obvias al terminar las siguientes líneas.

Estaba leyendo este libro como decía y justo a la mitad  me pudo tanto la frustración incluso la rabia aunque suene algo drástico que decidí cerrarlo y olvidarlo. Ojalá hubiese podido quemarlo (tal vez una crueldad) pero me provocó tanta rabia que si hubiese tenido el lujo de una chimenea el “omitido” (no estoy segura si se puede aplicar el término “susodicho” ) hubiese ardido hasta hacerse cenizas.

Antes de que esto sucediera y tratando de ser optimista decidí cerrarlo y empezar un nuevo libro. Éste último era incluso de mayor grosor que el primero, pero aún así lo terminé en dos días. Pasaron dos días más y volví a intentarlo de nuevo, pero como ya dije no aguanté más. Su lectura se me hacía fangosa más que pesada. Sentía que no avanzaba, mis pensamientos se iban por otros rumbos y la voz del narrador me inducía al sueño. ¡Maldita sea! me dije.


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29 agosto 2010

El amor es una droga dura

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El síndrome de Stendhal, El Origen del mundo de Courbet, la belleza, el psicoanálisis, el deseo, el vacío, las adicciones, el placer, la muerte, la juventud y el amor son parte de la mezcla de pasiones y obsesiones que componen El amor es una droga dura.

Javier es fotógrafo de profesión, triunfador, apuesto; adicto a la belleza, al trabajo, a las rayas de coca, al cigarro y sobretodo es adicto a la adrenalina. Una angina de pecho lo saca  del “limelight” acude al ya tan famoso “rehab” y después de haberse desintoxicado decide formar una nueva vida. Atrás deja la ciudad, el círculo de amistades perjudiciales y la fama.

Se acopla rápidamente a su vida en un pueblo. Tiene un perro, un trabajo estable que puede hacer desde casa, una compañera honesta y una casa hermosa. Todo va muy bien en su nueva vida; hasta que un día tiene que regresar a la ciudad de la que salió huyendo para realizar unos trámites legales.

Apunto de regresar a su casa del pueblo, la voz de Nora retumba en sus oídos y se agazapa en su cerebro. Joven, de una belleza sin igual, con voz sensual y ojos color miel; Nora lo encuentra a él por casualidad y él ve en ella a la pantera de sus sueños; la de sus deseos infantiles.


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